Mayores y diversidad

Invisibilidad de las mujeres LTB en las zonas rurales
14/10/2019

La invisibilidad, el principal problema que afrontan las mujeres LTB del ámbito rural

Día Internacional de las Mujeres Rurales (15 de octubre)

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) denuncia, con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales, que se conmemora este martes, 15 de octubre, la invisibilidad que sufren y han sufrido históricamente las mujeres LTB en el  ámbito rural. Y es que, la presión social y religiosa que tienen que afrontar estas mujeres en las áreas rurales es mucho más fuerte que la que se vive en los núcleos urbanos, lo que provoca que opten por vivir su realidad en el más absoluto silencio por miedo al estigma y al rechazo.  

En este sentido, la Asociación PLuRaL LGTB Mancha Centro explica que se trata de una discriminación histórica porque las mujeres LTB no responden al estereotipo de esposa y madre predominante en las zonas rurales, que son entornos más pequeños, tradicionales y familiares, donde gran parte de la población, si no toda, se conoce y donde el peso social de no cumplir con las expectativas impuestas por los roles de género es mucho mayor.

Así, la asociación LGBTI* Diversas, del Valle de la Orotava, en Tenerife, incide en que las mujeres LTB sufren una doble discriminación tanto por ser mujeres, como por tener una orientación sexual o identidad de género no normativa y cuando se visibilizan, “en los pueblos, o en las islas no capitalinas como sucede en Canarias, sufren miradas, comentarios y la exposición permanente a los prejuicios de la opinión pública”.

Por este motivo, la entidad castellano leonesa Segoentiende explica que, “históricamente, las mujeres LTB que podían, se marchaban a grandes ciudades como Madrid y Barcelona para buscar trabajo, pero, sobre todo, para poder vivir con cierta libertad”. “La mayoría de ellas evitaba volver al pueblo o lo hacía ocultando su vida en la ciudad”, añade, y es que, la que se quedaba, si no acababa casada con un hombre para evitar el rechazo social, terminaba siendo la solterona que no había sido capaz de encontrar marido, alguien que se había quedado para vestir santos y se dedicaba al cuidado de las personas mayores de la familia.

Por otra parte, quienes encontraban pareja, la escondían bajo la figura de la “mejor amiga”, con la que convivían y quien con frecuencia acababa adoptando el parentesco de tía o prima para el resto de la familia. Sin embargo, tal y como informa la entidad Extremadura Entiende, “esta estrategia de ocultamiento terminó siendo una trampa y esa doble lectura que presenta a las mujeres lesbianas y bisexuales como “parejas de amigas” ha contribuido a construir uno de los estereotipos que más daño nos hacen a día de hoy y que pone en duda la “validez” de la sexualidad sin que haya un varón”.

Además, según Bolo Bolo, entidad LGTB de Castilla La-Mancha, “la etiqueta de amiga, que muchas mujeres que viven en el ámbito rural siguen utilizando para esconder sus relaciones, genera otros procesos de exclusión comunitaria al no poder participar de la misma desde la plenitud de su realidad. Por su parte, es muy poco frecuente que las mujeres trans se queden a vivir en núcleos pequeños de población y directamente siguen optando por marcharse a las ciudades para huir de los juicios de valor del resto del pueblo.”.

No obstante, tal y como informa Altihay, asociación LGTB de Fuerteventura, “hay algunas mujeres LTB mayores que se han ido visibilizando al llegar a una edad avanzada, incluso a la vejez, cuando sus compromisos familiares y socio-laborales se lo han permitido y ya ha dejado de importarles el qué dirán y solo quieren vivir libres y felices”.

Sin embargo, tal y como informa Loren González, coordinador del año temático Mayores Sin Armarios: ¡Historia, Lucha y Memoria! de FELGTB, “muchas mujeres del mundo rural se han quedado en el armario sin poder vivir una vida plena porque en un entorno donde todo el mundo sabe quién eres, quién es tu familia, dónde trabajas y hasta lo que se espera de ti, el derecho a ser, si eso implicaba salirse de la norma, estaba y, en parte, sigue estando, vetado”.

Y es que, según González, “las generaciones de mujeres más jóvenes que habitan áreas rurales empiezan a visibilizarse con normalidad, ya que, aunque sus familias siguen teniendo dificultades para aceptar esta realidad, encuentran más apoyo en sus amistades y tienen más acceso a recursos que permiten su desarrollo personal. Sin embargo, hablamos de mujeres menores de 26 porque la franja de entre 26 y 50 sigue estando muy invisibilizada o se encuentran en proceso de descubrirse y/o visibilizarse”.