Familias

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07/03/2013

'Quousque tandem abutere, Catilina, patiencia nostra?'

Artículo de Boti G. Rodrigo en el Hufftington Post

Lo aprendí hace mucho tiempo, pero no sospeché que lo iba a repetir tantas veces a lo largo de mi vida: "¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina?", con los ojos en blanco y la expresión cansada, en cada caso un nombre diferente sustituyendo a Catilina -a veces el mismo muchas veces- y suspirando fuerte al terminar la frase.

Nuestro más reciente Catilina se llama Jorge, Jorge Fernández Díaz, y es ministro, ministro de Interior. Nunca estuvo a favor del Matrimonio Igualitario que sanciona la plena igualdad legal del colectivo LGTB, lesbianas, gais, trans y bisexuales. Fue uno de los firmantes del recurso de inconstitucionalidad que en su contra presentó su partido, el Partido Popular.

Le imagino gruñendo al enterarse siete años después de la sentencia del Tribunal Constitucional que lo declara plenamente constitucional y nos revalida como lo que somos: iguales ante la Ley. Fallo que señala además que en España existe una amplia aceptación social del Matrimonio Igualitario y que la imagen que la sociedad tiene de la institución matrimonial no se distorsiona por el hecho de que los cónyuges sean del mismo o distinto sexo, añadiendo, atención, que las condiciones de idoneidad para la adopción de menores son perfectamente proporcionadas por una pareja del mismo sexo. Me imagino sin esfuerzo a Jorge Fernández Díez gruñendo al enterarse de esta resolución.

Dejemos hablar a Jorge.

"Yo no negaba a Dios, simplemente vivía como si no existiera, sólo me acordaba de Él en los momentos difíciles. Mi fe era una fe muerta porque era una fe sin obras... Lo cambió todo la convicción plena de que mi vida sólo tenía sentido a la luz de Dios. A partir de ese momento, Él empezó a tener más presencia en mi vida... mi plan de vida está muy próximo a la espiritualidad del Opus Dei... Mi camino de retorno empezó en 1991. Me encontraba de viaje oficial en Estados Unidos, invitado por el Departamento de Estado. Un fin de semana nos llevaron a Las Vegas. Allí, por medio de un gran amigo, que sin duda fue un instrumento de la providencia de Dios, Él salió manifiestamente a mi encuentro. Lo recuerdo y pienso en san Pablo: "Donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia".

Las Vegas y Jorge Fernández Díaz.

Y el camino de reencuentros, por la Gracia de Dios, con este señor, Catilina de turno, culmina por ahora en este mismo mes de marzo, cuando, pensando de nuevo en nuestro colectivo que tanto le desvela, se le ocurre decir exactamente:

"Si nos oponemos al matrimonio entre personas del mismo sexo, no podemos usar argumentos confesionales. Existen argumentos racionales que dicen que ese matrimonio no debe tener la misma protección por parte de los poderes públicos que el matrimonio natural. La pervivencia de la especie, por ejemplo, no estaría garantizada".

Lo dice bien clarito y se queda tan ancho. Ancho y largo el señor ministro de Interior (de la caverna). Cuestiona en términos anticientíficos el Matrimonio Igualitario, y se queda tan ancho. Cuestiona una ley avalada recientemente por el Tribunal Constitucional, y se queda tan ancho. Antepone sus creencias religiosas a la obligación de gobernar para toda la ciudadanía, la sociedad plural y diversa en la que todos cabemos, y se queda tan ancho. Y tan largo.

¿Hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia los fanáticos que mostrando un desprecio absoluto de las evidencias científicas y de la realidad cotidiana, no se enteran o no quieren enterarse de que las personas LGTB formamos familias y que nuestras familias han de ser reconocidas y respetadas?

Jorge Fernández Díaz: tenemos hijos, los hemos tenido y los seguiremos teniendo, aunque todo un ministro desconozca el interior de la sociedad que gobierna.

¿Hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia quienes, no obstante su condición de ministros, desprecian las leyes, desconocen los rudimentos de la biología o se conducen basándose en el fundamentalismo religioso?

Cuando quiera, Jorge Fernández Díaz, y a modo de visita de conversión paulina a Las Vegas, le invitamos a conocernos de cerca, le invitamos a acercarse a nuestra realidad cotidiana, la que formamos con nuestras familias, le invitamos a conocer a nuestros hijos. Le invitamos a mirarse en sus ojos, a enfrentarse con sus sonrisas, confiadas.

Le invitamos, Jorge Fernández Díaz, a caerse del caballo, le invitamos a ser lo que tiene que ser, el gobernante que nuestros hijos merecen. Y nuestra sociedad también.