Educación

DSCN1740
12/01/2016

Resumen de las V Jornadas de Educación de FELGTB

Artículo de una estudiante que acudió a las jornadas para hacer un reportaje sobre acoso escolar

LO QUE SE INVISIBILIZA NO EXISTE

Por: Sandra De Roa Vélez.

“Tengo amigos y amigas que no han querido comunicárselo a los profesores porque ellos lo quieren llevar con discreción y, al contarlo, tendrían que admitirlo. Así que considero que es un acoso invisible”, me cuenta Juan Manuel Garcés, un joven universitario y homosexual que, a diferencia de algunos de sus conocidos, sí se atrevió a denunciar su acoso.

Uno de cada cuatro jóvenes sufre acoso escolar. Éste se considera una forma de violencia caracterizada por la intencionalidad del acosador, la repercusión social del acoso, la desigualdad social frente al resto del grupo por parte de la víctima y el carácter continuado y reiterado de las acciones de los agresores.

No obstante, el bullying homofóbico y transfóbico presenta particularidades como el miedo al rechazo por cuestiones de orientación o identidad sexual, que llevan a sus víctimas a ocultarlo.

“El miedo de muchos chicos a mostrar su identidad sexual  se debe fundamentalmente al miedo al rechazo. Y esto en la adolescencia es absolutamente trágico”, explica José Antonio Luengo Latorre, experto en educación y vicesecretario en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Aunque a priori podamos pensar en el acoso homofóbico y transfóbico como en un acoso tradicional, la invisibilidad en la situación de víctima y en su orientación o identidad, agravan el problema. Además, ante este fenómeno, algunos de los acosados acaban sufriendo homofobia o transfobia interiorizada y aprecian su condición como un defecto. Es decir, dicha condición sobredimensiona el acoso.

Ante la magnitud del problema, organismos como la UNESCO han señalado las repercusiones de este tipo de bullying. En su guía Respuestas del sector de educación frente al bullying Homofóbico, la entidad lo considera una violación del derecho fundamental a la educación al impedir el acceso de forma normal y considera que también atenta contra el derecho al libre desarrollo de la personalidad.

¿Por qué se considera que el acoso impide el acceso a la educación? Se puede explicar fácilmente si atendemos a las consecuencias psicológicas que pueden darse en las personas agredidas.

“Tiene unas consecuencias muy negativas que pueden traducirse en miedo intenso, a veces hasta en un verdadero terror, problemas de ansiedad, depresión, inadaptación al centro escolar, o fracaso escolar ante la disminución en el rendimiento. De manera que las consecuencias pueden ser devastadoras. Y en casos graves, hasta nos hemos encontrado con algún suicidio”, declara Valentín Martínez-Otero, psicólogo y pedagogo.

También se pueden dar secuelas a largo plazo a causa del bullying. “No quiere decir que las vaya a haber necesariamente. Todo depende del grado de ese acoso, de su duración y de la propia personalidad del acosado. Hay personalidades más resilientes, con mayor capacidad de superar experiencias traumáticas y salir fortalecido de las mismas, pero en otros casos puede dejar secuelas y advertirse en depresión o estrés postraumático”, apunta el experto.

A la luz de los posibles síntomas, es fácil entender la tajante afirmación de la UNESCO. Sin embargo, el acoso también incide en los propios agresores. “Las consecuencias más negativas generalmente se advierten en víctimas pero no escapan a estos problemas ni los observadores (de las agresiones) ni los acosadores”, incide el psicólogo asturiano.

Según Martínez-Otero, los agresores pueden padecer sentimientos de culpabilidad, dificultades de adaptación, problemas de relación interpersonal y déficit de habilidades sociales. Asimismo, tal y como cuenta el psicólogo, se sabe que los acosadores y los observadores tienen una mayor psicopatología asociada.

El patrón de síntomas no hace más que empeorar para todas las partes cuando nos referimos al bullying homofóbico y transfóbico a través de las nuevas tecnologías, Internet y las redes sociales.

Durante la V Jornada de educación organizada por FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales), José Vela, sociólogo y educador, realizó una ponencia acerca del ciberacoso LGTB.

El sociólogo de la universidad Complutense de Madrid trasladó la idea de que a través de la red todos somos más desinhibidos y podemos llegar a proferir insultos que nunca le diríamos a la persona agredida a la cara. Esto se ve amplificado ante la sensación de anonimato e impunidad que confiere Internet y el desapego emocional que genera no ver a la víctima. “Los acosadores perciben la situación como un juego”, ilustró Vela.

El ciberacoso a menudo se ve entrelazado con el acoso tradicional y lo multiplica. “Muchas veces agrava el fenómeno de este acoso porque ya no concluye en la escuela o sus aledaños sino que le persigue a uno hasta los lugares más íntimos, hasta su propia casa. Uno abre su ordenador portátil o su móvil y ve que ahí persisten los insultos o la imagen negativa que han colgado de la chica o el chico”, comenta el psicólogo Martínez-Otero.

Entre las características del ciberacoso se cuentan la carencia de límite físico o espacial pues llega a los lugares más íntimos, como ya hemos comentado, así como la carencia de límite horario. Además, se puede sumar al posible anonimato de los agresores.


A pesar de lo complicado que resulta a veces demostrarlo, es posible denunciarlo al igual que ocurre con el acoso tradicional. Las capturas de pantalla son el arma fundamental para enseñar que la situación se ha producido.

Además, los centros educativos tienen la responsabilidad de atajar el bullying, sea del tipo que sea. “Hay suficientes sentencias judiciales que dan fe de que si tú tienes conocimiento de que algo está pasando en esta materia y no haces nada, estás incumpliendo unos deberes fundamentales, no solo de contrato, sino de cuidados y asistencia del que está sufriendo y esto da igual que se produzca entre las cuatro paredes de tu centro o fuera. Si tu alumno se ve afectado, tienes que intervenir”, atestigua José Antonio Luengo.

Aunque aquellos profesores que no intervengan pueden llegar a tener problemas con la justicia, no todos brindan apoyo y ayuda a los menores homosexuales y transexuales. “No se quieren dar cuenta (profesores) y no ponen mucho empeño en esos temas. Lo dejan como apartado, como que no existe pero sí”, me transmite Ignacio Fajardo, joven procedente de Albacete y homosexual.

Ignacio asegura que sus profesores lo sabían y nunca hicieron nada por remediar su caso. “No se dan cuenta hasta qué punto puede sufrir una persona con este tipo de acoso. Tendrían que estar más concienciados todos. El entorno del colegio o el instituto tiene que estar más alerta”, incide.

Otras personas como Juan Manuel Garcés consideran, en sus propias palabras, que tuvieron suerte. El director de su colegio sí emprendió acciones ante las burlas, insultos e incluso agresiones físicas que sufrió el, por entonces menor, originario de Cuenca.

“Una vez se pusieron a insultarme y yo los ignoré. Cuando vieron que no había  manera (de provocarme) llegaron a las manos. A lo bestia cogieron una mochila de ruedines, que tiene el asa de hierro,  y ese asa lo estamparon varias veces contra mis costillas”, narra Juan Manuel.

Ante hechos como este, el conquense reconoce la labor de algunas personas de su centro de primaria, “yo reconozco que el director hizo una buena maniobra” y señala la cantidad de tutorías y llamadas que abordó para que se solucionara el problema.

Sin embargo, también reconoce que no todo el equipo docente afrontó igual la situación. “Hubo profesores que pasaron de mí completamente y no les guardo rencor.  Pero me ha pasado de cruzármelos por la calle, que ellos vengan a saludarme y yo no saludarles, porque no creo que se lo merezcan”, aclara Juan Manuel.

El joven también apunta a la labor de su mejor amiga para frenar a sus hostigadores. “Ella no dudaba en meterse. Nunca le he tenido que pedir que me defienda porque a ella le salía de sí misma. Pero solo lo hacía ella. Los demás simplemente hacían como que no pasaba nada.”

Esta última afirmación la confirman los últimos datos recogidos por FELGTB en su investigación acerca de este tipo de acoso. Según el informe de resultados de la investigación acoso escolar homofóbico y riesgo de suicidio en adolescentes y jóvenes LGB, lo más habitual cuando se produce la situación es que no ayude nadie a la víctima o, en el caso de hacerlo, lo haga una compañera.

Pero lo cierto es que la intervención de los compañeros suele ser, en muchos casos, limitada. El bullying por  homofobia y transfobia  se caracteriza por el miedo al contagio del estigma. El resto de alumnos no suelen inmiscuirse puesto que no desean ser acusados de ser, al igual que la víctima, homosexuales o transexuales.

“El contagio del estigma es esa suerte de miedo que tienen los compañeros, a los que no les gusta nada lo que está pasando, pero no se atreven a defender. Tienen miedo a ser acosados por los demás y a que les puedan acusar de tener una orientación diferente”, arguye José Antonio Luengo.

La importancia de la concienciación del alumnado marca la diferencia en este tipo de casos, tal y como demuestra el programa finlandés KIVA. Cuando los espectadores actúan, el acoso cesa. Pero para que esto se produzca, es necesaria su correcta formación y la del profesorado.

Para Jesús Generelo, presidente de la FELGTB, no incluir la diversidad sexual, familiar y de género en el currículo escolar supone no prevenir el acoso LGTB y dejar en riesgo de exclusión. “Es una diversidad que está en todas las aulas, el hecho de invisibilizarla o estigmatizarla hace que haya un sector del sistema educativo, del alumnado muy especialmente pero no solo sino también entre el profesorado y el personal docente, que vive en una situación de riesgo de exclusión.”

También Mercedes Sánchez Sáinz, pedagoga y autora de Somos como Somos: 12 Inclusiones, 12 transformaciones y de Ideas para abordar la diversidad afectivo-sexual en el aula, considera fundamental enseñar diversidad, como la afectivo-sexual, en los centros educativos.

 

“No se aborda, realmente (la diversidad afectivo-sexual) suele quedar invisibilizada y depende de profesores que lo quieren hacer y que están formados. Normalmente cuando hay un profesor en formación, el profesorado lo aplica. Pero muchas veces, esa formación no existe y es igual de invisible para ellos que para el alumnado”, afirma la pedagoga.

No obstante, manifiesta que existen docentes de todo tipo, algunos muy preparados y otros no. “No es que no estén preparados, es que la formación inicial no se contempla y formación permanente hay poca. Hay profesores que están preparados, hay muchísimos que tienen interés y no saben cómo y hay otros que no están preparados ni quieren estarlo. El cuerpo docente es muy amplio.”

A pesar de todo ello, están surgiendo multitud de herramientas para docentes. La publicación de Mercedes Sánchez Sáinz,  Somos como Somos: 12 Inclusiones, 12 transformaciones, o la nueva guía docente coordinada por el profesor de la universidad Complutense, José Ignacio Pichardo Galán, denominada Abrazar la Diversidad: Propuestas para una educación libre de acoso homofóbico y transfóbico constituyen un antes y un después.

Ahora, vía online, todo educador que desee educar a sus alumnos en diversidad podrá tener acceso a materiales educativos como cuentos y tendrá al alcance cómo se debe combatir un caso de acoso de estas características.

“Esto es un reto estructural, está bien que formemos pero tiene que haber una apuesta política decidida”, proclamó Pichardo durante la presentación de la guía Abrazar la Diversidad.

Lo cierto es que la iniciativa de las administraciones es, por lo general, insuficiente. De hecho, la financiación de esta publicación ha partido de la Unión Europea y no del gobierno español.

“Si estamos hablando de organismos públicos, no se destinan recursos suficientes a formación del profesorado. No se destina lo suficiente a educación en general”, atestigua Mercedes Sánchez Sáinz.

Por su parte, Jesús Generelo considera que España se mueve a una doble velocidad. Por un lado, la sociedad y la legislación, que han avanzado mucho en los últimos años. Por otro, el sistema educativo, cuyo funcionamiento se corresponde más con el siglo XX que XXI.

“Seguimos teniendo en el sistema educativo unos miedos, unos prejuicios y unos estereotipos que no se corresponden para nada con la realidad social. Porque la realidad social española es que existen familias diversas, existen diversas formas de entender la orientación sexual, diversas identidades de género y eso está ya presente en la sociedad, en los medios de comunicación y en la propia legislación. Pero el sistema educativo parece que no se entera. Parece que sigue viendo una sociedad monolítica y uniforme que realmente ya no existe.”

Para solucionar el problema e introducir la diversidad en los currículos escolares, Generelo insta a la aplicación de las leyes, puesto que estas existen. Sin embargo, piensa que deben perfilarse más, ya que dan lugar a la ambigüedad en su interpretación.

Debido a este hecho, desde FELGTB demandan al nuevo gobierno que ocupe la Moncloa en diciembre, la creación de una ley de igualdad LGTB y una ley de identidad sexual, para colectivos como el trans. En el articulado de dichas leyes, se recogerían también cuestiones acerca de la educación.

Generelo afirma que la solución del acoso pasa por la administración pública. Las claves son la formación del profesorado y el fomento de la visibilización.

“Para empezar, un plan de choque de la administración educativa y que las consejerías de educación aporten la reglamentación y las herramientas necesarias a todos los centros educativos. Una formación que permita que haya en cada centro educativo, personas preparadas […] A partir de ahí, fomentar la visibilidad de la diversidad sexual y de género y conseguir que esta diversidad ya no sea vista como un problema, sino como una riqueza y una posibilidad educativa de primer orden.“

Esta visión de la diversidad como riqueza y oportunidad también la sostiene en el caso de los menores trans.

“Es una de las realidades que más rompen los esquemas de las familias y de la sociedad porque pone en cuestión cosas que creíamos inamovibles como la identidad sexual. Pero precisamente eso ha de verse como una oportunidad educativa para cuestionarnos precisamente esas cosas que a lo mejor no deberíamos considerar tan sólidas y tan inamovibles”, asegura Generelo.

Saida García Casuso es la presidenta de Chrysallis, una asociación de familias de menores transexuales. Para ella, la falta de enseñanza acerca de diversidad en los colegios y el déficit de formación del profesorado en este aspecto son también la causa del acoso y lo que, de realizarse de manera adecuada, evitaría el acoso transfóbico.

Desde la asociación, han podido seguir muy de cerca el caso del colegio San Patricio, donde no se respetó la identidad sexual de una menor. La Junta de Andalucía abrió un expediente al colegio, mientras el obispo Jesús Catalá alabó la actuación del centro.

El caso parece que quedará sin una verdadera solución, pues aunque Andalucía cuenta con una ley que ampara en estos casos, en esos momentos aún no había sido aprobada.

“No la pudieron aplicar y ahora con carácter retroactivo se niegan a hacerlo, en cualquier colegio de cualquier parte del Estado la Constitución ampara. No se puede discriminar por razón de sexo, raza, religión o identidad sexual”, se lamenta Saida.

De hecho, hasta hace tan solo cinco meses, no existía una legislación específica que protegiera a los menores transexuales en este tipo de casos. Actualmente, la nueva ley de protección a la infancia y a la adolescencia ya recoge un artículo que refleja el derecho al libre desarrollo por identidad sexual y a la orientación.

A pesar de avances como este, en lo que se refiere a menores transexuales y a prevenir un posible acoso, es necesario que leyes como la mencionada se apliquen de manera efectiva, puesto que muchas de ellas ya lo recogen pero no lo llevan a cabo.

“Lo que hemos recogido tanto en la ley de Madrid como en la estatal es que obligatoriamente se forme a los profesionales […] Es importante desde la cuidadora del comedor hasta quien cuida la puerta porque todos están en interacción con esa niña o ese niño y todo el mundo debería tener una formación específica […] Hay una formación reglada pero luego, ¿qué pasa con todo el resto de profesionales que trabajan con infancia? También necesitan esa formación”, demanda Saida.


Hemos de tener muy en cuenta la presencia de la diversidad sexual, de género y familiar en nuestra sociedad y hacerla visible. La aceptación evita el acoso.

 

“Tenemos demostrado en todos los estudios que hemos realizado que, en quienes tienen un conocimiento más o menos cercano de la realidad LGTB, disminuyen los niveles de rechazo a esta realidad”, declara Jesús Generelo.

El 41% de adultos transexuales a los que en su infancia les fue negada su identidad han intentado suicidarse. Por su parte, un 43% de menores LGB ha pensado en suicidarse ante el acoso recibido.

No podemos permitir que se invisibilice una realidad y la falta de concienciación siga provocando estas situaciones y ponga en riesgo la vida de las personas pertenecientes al colectivo LGTB. Invisibilizar y no tratar la solución no la hace desaparecer. Esta acción tan solo sirve para diluir la voluntad del acosado.

La educación en diversidad es la clave. Si no ponemos de relieve este tipo de acoso, no existirá y no podrá atajarse con medidas. La visibilización es el primer paso y el objetivo.