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Cultura

Tamayo3
30/06/2012

Cristianismo y homosexualidad

Artículo de Juan José Tamayo

La fe no establece criterios para juzgar las cuestiones relacionadas con la sexualidad humana.

La incompatibilidad entre cristianismo y homosexualidad es una construcción ideológica de la jerarquía católica que se ha visibilizado escandalosamente con la homilía del obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plà, y ha contado con el apoyo de la mayoría de sus colegas.

Sin embargo, carece de base tanto en el plano de la antropología como en el de la fe cristiana.
Coincido con el teólogo holandés Edward Schillebeeckx en que no existe una ética cristiana respecto a la homosexualidad. Se trata de una realidad humana que no puede desconocerse y que debe asumirse como tal sin apelar a criterios morales excluyentes. No hay criterios específicamente cristianos para juzgarlo, como tampoco los hay para condenar las relaciones prematrimoniales, los métodos anticonceptivos, la fecundación in vitro o cualquiera de las cuestiones relacionadas con la sexualidad humana.

POR ESO CREÍ justificada la protesta, e incluso la reacción indignada, de los obispos norteamericanos ante la carta intolerante e hiriente del cardenal Ratzinger, cuando era presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, contra la homosexualidad, que resulta contraria a los avances de la ciencia en esta materia, atenta contra la dignidad de las personas de esa orientación sexual, pone límites a la libertad individual y a los derechos humanos, lesiona el principio de igualdad y discrimina a los homosexuales en la comunidad cristiana.

Como me parece igualmente justificado el veto del Ayuntamiento de Alcalá de Henares a la presencia del obispo de la diócesis Reig Plà en los actos municipales oficiales por entender que sus ideas homófobas expuestas en la misa televisada perjudican la imagen de la ciudad.

Pero lo grave del caso es que sus hermanos en el episcopado, lejos de ejercer con él la corrección fraterna, como recomienda el Evangelio, han hecho piña en torno a él (con contadísimas excepciones) siguiendo la vieja actitud eclesiástica de mantenella y no enmendalla y han acusado a la corporación municipal de desprestigiar y perseguir a la Iglesia católica.

Muy distinta ha sido la actitud de la junta directiva de la mezquita deTerrassa que ha apartado del servicio religioso al imán que está siendo procesado por incitar en sus sermones a la discriminación y a la violencia contra las mujeres

Recurrir a la Biblia de manera descontextualizada, como hace el magisterio eclesiástico, para condenar la homosexualidad me parece un acto de fundamentalismo. Y ya sabemos en qué consiste la actitud fundamentalista en materia religiosa: en absolutizar lo relativo, simplificar lo complejo con respuestas de catecismo, leer los textos tenidos por sagrados en su literalidad sin mediación hermenéutica alguna y dar respuestas del pasado a preguntas del presente.

La mayoría de los textos bíblicos que citaba el cardenal Ratzinger en aquella carta estaban sacados de contexto, eran interpretados desde prejuicios homófobos y nada tienen que ver con la realidad de la homosexualidad hoy.

La teología cristiana del matrimonio debe reformularse para incluir más respeto y libertad

La teología cristiana del amor no se reduce al matrimonio entre hombre y mujer, sino a toda relación humana basada en el compromiso de compartir proyectos de vida en común a través de unas relaciones igualitarias, simétricas y no opresivas. Y entre estos proyectos están los matrimonios homosexuales. Los cristianos y las cristianas homosexuales pueden vivir y viven de hecho la experiencia sexual de manera liberadora y gratificante, como la viven los cristianos y cristianas heterosexuales, sin los traumas del pasado; más aún, sin la conciencia de culpa, sin la sensación de estar transgrediendo una orden divina eterna o un orden natural inmutable. 

Quienes practican las relaciones sexuales en sus distintas modalidades son conscientes de que la incompatibilidad en el cristianismo no es la que se dan entre fe y homo o heterosexualidad, entre ser cristiano y ser solidario, entre el amor a Dios y el amor interhumano, sino entre servir a dos señores, Dios y al dinero, conforme a la afirmación del Evangelio (Mateo 6,24).

Las opciones y las prácticas sexuales deben vivirse desde la libertad, desde el respeto a la alteridad, a través de una relación igualitaria y no opresiva. Las creencias religiosas deben contribuir a vivir dichas opciones y prácticas en ese espíritu, no poner trabas jurídicas que lo dificultan o impiden y no provocar más sufrimiento a quienes ya de por sí se sienten rechazadas por la sociedad.

LA TEOLOGÍA cristiana del matrimonio se elaboró en una cultura, una sociedad y una religión homófobas y patriarcales, que imponían la sumisión de la mujer el varón y la exclusión de los homosexuales de la experiencia del amor. Hoy es necesario reformular dicha teología, para que sea inclusiva de las distintas tendencias sexuales y de los diferentes modelos de familia. Libertad, respeto a la alteridad y relaciones libres de toda dominación son elementos fundamentales de toda comunicación entre seres humanos, cualesquiera fueren sus tendencias y prácticas sexuales.

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones (Universidad Carlos III).