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¡OUT! Las Transformistas of Havana

El fotógrafo Eric Politzer publica un libro sobre transformistas y drags en La Habana
El fotógrafo Eric Politzer publica un libro de imágenes tras años trabajando junto a la comunidad transformista o drag de La Habana. Le hacemos unas preguntas sobre su trabajo y trayectoria, así como sobre el proyecto.

En primer lugar, ¿cómo surgió la inspiración para ¡OUT! Las Transformistas of Havana? ¿Habías trabajado ya con drag queen o personas queer no normativas?
Cuando empecé a pensar en este proyecto hace seis años había estado pensando durante mucho tiempo si había algún tipo de comunidad gay organizada en Cuba. Estaba fascinado por la idea de cómo sobrevive –y hasta prospera– la gente LGBTQ en sociedades percibidas como política, cultural y/o religiosamente represivas. Lo único que pude encontrar sobre la vida gay en Cuba fue un vídeo corto sobre Las Transformistas, que trataba cómo los cabarets gais donde actuaban eran un espacio seguro para que se juntaran personas heterosexuales y LGBTQ. Quería investigar esto más.
Ya había sido bastante activo en y alrededor de los esfuerzos por los derechos civiles LGBTQ y la lucha contra el sida en buena parte de mi vida adulta. Por este motivo ya conocía la discriminación contra las personas viviendo en los márgenes de la sociedad, sus luchas diarias, y también las tremendas contribuciones que hacen al luchar por la justicia y la inclusión de todas las personas.

¿Encontraste muchas diferencias entre el ambiente Transformista de La Habana y los ambientes queer de Estados Unidos?
La diferencia más chocante que vi entre los ambientes de cabaret de Cuba y de los Estados Unidos es que en Cuba quienes actúan no son solo drag queens o imitadores de mujeres, sino también mujeres y hombres transgénero. En los Estados Unidos suele haber bastante tensión cuando no aversión hacia dragqueens y transgénero, pero en Cuba hay una mayor comprensión y aceptación –si bien no completa– hacia estos dos grupos.

Además de esto, con la excepción de shows de cabaret gais que tienen lugar y son abiertamente publicitados en la discoteca gay gestionada por el estado, la mayoría de cabarets históricamente han tenido lugar en espacios clandestinos o residencias privadas parcialmente convertidas en espacios teatrales. Ir a una actuación de cabaret por tanto suele parecerse a ir a casa de un amigo o amiga. De hecho, el precio de admisión suele incluir una botella de ron y aperitivos, así que sientes que estás yendo a la fiesta de una amistad tanto como a un evento público.


En dos años estaremos celebrando el quincuagésimo aniversario de los disturbios de Stonewall. Habiendo trabajado con estos y estas intérpretes de La Habana, ¿cuál es tu punto de vista sobre el papel de las drag queens en los movimientos queer?
Como ya conocía bien la historia de los disturbios de Stonewall y más específicamente del papel que tuvieron los individuos no normativos en cuanto al género en ese levantamiento, no me sorprendió descubrir que estos individuos –tanto drag queens como transgénero– estaban en la primera línea del cambio social para la comunidad queer en Cuba.

Los cabarets gais han tenido históricamente el papel de centros comunitarios en Cuba ante la ausencia de otros establecimientos de gais o gay-friendly, como bares, clubs, saunas, restaurantes, etc. En el pasado, por ejemplo, los bares gais abrían para ser inevitablemente cerrados, pero los cabarets fueron una constante. Estos cabarets han sido espacios seguros y acogedores para que las personas LGBTQ se reúnan y desarrollen un sentimiento de comunidad. Los cabarets en tanto que espacios de reunión, y las actuaciones que tienen lugar en ellos, han tenido un papel fundamental en la organización y defensa por los derechos civiles gais y la promoción de la prevención del sida en Cuba. Lo que es más, como los cabarets son populares en la sociedad en general, han sido el único sitio donde personas LGBTQ y heterosexuales han podido juntarse en aceptación y respeto mutuos.

En los seis años que he estado viajando a Cuba he visto a la comunidad LGBTQ hacerse considerablemente más organizada y visible. Gran parte se debe a los esfuerzos de Mariela Castro –hija del presidente Raúl Castro–, quien lleva el Centro Nacional de Educación Sexual (CENSEX) de Cuba. Todo y que Mariela no partió de la nada con esta causa: aceptó a las Transformistas desde el principio y construyó sobre sus esfuerzos y pasión en sus propios esfuerzos para promover los derechos de las personas LGBTQ en Cuba. De hecho, Mariela es a menudo vista en público con las Transformistas, marchando al frente de la Conga del Orgullo, hablando en conferencias, visitando eventos de Transformistas, o cuando es entrevistada en la televisión estatal sobre cuestiones LGBTQ.

La influencia de las Transformsitas en Mariela fue tan importante que ella fue la responsable de la aprobación de la legislación que obliga al sistema sanitario universal cubano a cubrir todos los costes de reasignación de género, desde el tratamiento hormonal pre-operación hasta los servicios postoperatorio. Cuba es uno de los pocos países donde esto ocurre, y es en respuesta directa a la ferviente defensa de la comunidad disconforme del género.

Pese a que no soy ni un historiador ni un sociólogo, mi experiencia trabajando en la comunidad LGBTQ en los Estados Unidos y documentando las Transformistas en Cuba me ha mostrado que es habitualmente la gente en los márgenes más lejanos de la sociedad como conjunto –así como dentro de sus propias comunidades– quienes impulsan el acceso, aceptación e inclusión que a la larga beneficia a todos los miembros de esas comunidades.

¿Cómo fue el efecto de tu trabajo en las intérpretes de La Habana? ¿Ayuda este tipo de trabajo a que las comunidades se empoderen?
Creo que en algún nivel este proyecto ayudó a empoderar Transformistas individuales y la comunidad como conjunto. La mayoría de las Transformistas no habían sido nunca fotografiadas, y aún menos de forma profesional. Cada Transformista recibió un porfolio con sus fotografías: estos libros circularon por la comunidad Transformista, lo que rápidamente incrementó el interés y la disposición de individuos a participar en el proyecto. Esto mostró que obtenían un gran orgullo al ser retratadas respetuosamente por sus iguales y por el mundo exterior. Les dio una visibilidad que nunca habían experimentado. Muchos de los sujetos me contaron cómo de importante fue que el mundo les vea fuertes como individuos y como comunidad. El libro se convirtió en un vehículo para ese mensaje.

Creo también que cierto empoderamiento tuvo lugar en una escala social mayor. Al principio del proyecto fotografiamos casi exclusivamente dentro de los cabarets. Gradualmente comenzamos a avanzar hacia los vecindarios inmediatamente a su alrededor. Entonces llevamos a muchas de las Transformistas a espacios muy públicos –en ocasiones iconos de La Habana–. Ninguna de ellas había hecho esto nunca en su conjunto para actuar, y aún menos con toda la atención que una sesión fotográfica profesional puede atraer. Las cosas estuvieron bastante tensas al principio, pero con el tiempo acabaron reclamando esos espacios como suyos. Se dieron cuenta de que les pertenecen tanto como a cualquier otra persona. En los años desde que empecé este proyecto he visto a las Transformistas por La Habana mucho más que antes. Me gustaría pensar que el proyecto de libro ha tenido algún papel en esta evolución. Además, cuando tuvimos la primera exposición del trabajo en La Habana el espectáculo obtuvo una gran atención por la prensa generalista, lo que espero que ayudase a avanzar la causa.

Puede encontrarse más información en la web de Eric Politzer.
La entrevista está disponible en en el inglés original en nuestra web.