Cultura

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Pilar Bellver: "La cultura que nos hace visibles nos enseña que somos más, que somos muchas"

"A Virginia le gustaba Vita": una historia de amor de Virginia Woolf.
La escritora Pilar Bellver publica con la editorial Dos Bigotes A Virginia le gustaba Vita. En ella trata de forma novelada la historia de amor entre Virginia Woolf y Vita Sackville-West, contribuyendo al panorama cultural y en concreto literario de la diversidad sexual y de género. En el contexto del reciente ochenta aniversario de la muerte de Federico García Lorca le preguntamos a la autora su perspectiva sobre la literatura y cultura LGTB, así como sobre el papel que los clásicos pueden jugar en el presente.


¿Cómo ves el panorama literario en términos de representación de la diversidad sexual y de género?

A mí me hace gracia observar que, mientras los sectores más conservadores aún siguen discutiendo si existe una literatura LGTBI o si es pertinente considerarla por separado, al mismo tiempo, digo, veo que han proliferado por todo el mundo muchas (y algunas muy buenas) editoriales especializadas. Para no existir o no tener sentido considerarla propia (apropiada), hay todo un mundo de libros a su alrededor... Todo un negocio, si se prefiere verlo así. Decía Marx que “de la cantidad a la cualidad”. Donde tanta literatura nace en torno a las diferencias de opciones sexuales y de género, que a fin de cuentas nace de donde nace toda la literatura, de la necesidad de expresar cada cual su propia experiencia y su modo de entender y enfrentarse a la realidad, donde tanta está surgiendo, insisto, alguna obra buena habrá que acabe resultando extraordinaria… Por eso estoy comparativamente contenta (comparando el panorama con el de hace 20 ó 30 años).
 
Además de novelas sobre temas recientes, ¿necesitan clásicos como García Lorca o Woolf nuevas visitas, análisis y aventuras?
Los clásicos son imprescindibles para quienes queremos cambiar el mundo. Por lo pronto, si los consideramos clásicos es porque su lucidez, la luz de su inteligencia, aún nos alumbra rincones que no habíamos visto (o rincones de la moral dominante, que los mantiene a oscuras por su interés, o rincones de nosotras mismas, en los que no habíamos entrado unas veces por falta de valor y otras porque ni siquiera los habíamos “mapeado” todavía). Cuando leemos a Virginia o a Federico, es como si nos dejáramos coger de la mano por ellos y fuéramos con un poco más de apoyo y con menos miedo a mirar dentro de nuestra propia realidad, de la nuestra, la de ahora mismo; ellos nos prestan sus ojos para ser críticos. Cuando leo a Virginia yo, como mujer y como lesbiana, lo que estoy aprendiendo de ella es su método de análisis de la realidad. Y de paso cojo seguridad en mí misma para ir desarrollando el mío y adaptándolo al tiempo que me ha tocado vivir.

¿Qué papel crees que juega o que puede jugar ahora mismo la literatura o la cultura para las nuevas generaciones de personas LGTB? 
Si son una literatura y una cultura transgresoras, las necesitamos como el comer, para alimentarnos. Porque necesitamos el respaldo y el refrendo, el espejo y el reflejo, el eco y las voces ajenas para no sentirnos solas. Una película que nos muestra a nuestra gente, una novela que nos habla de nuestras iguales de hoy o de hace un siglo, son la prueba fehaciente de que no estamos solas ni lo hemos estado a lo largo de la historia. Las nuevas generaciones tienen que construir su identidad en medio de una batalla que aún sigue librándose. Y en una batalla, la que sea, al enemigo le interesa convencerte de que estás sola, de que no eres viable, de que nadie te respalda. La cultura, la literatura que nos hace visibles, nos enseña que somos más, que somos muchas, que podemos hacer piña y que no nos da miedo la pelea. Es fundamental.