Fe y Espiritualidad

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23/11/2018

Declaraciones del grupo de Fe y Espiritualidad ante las palabras del Secretario de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello

Lamentamos volver a escuchar declaraciones de cargos relevantes dentro de la Iglesia Católica Española que muestran un amplio desconocimiento de lo que implica ser LGTBI y de las luchas a las que nos tenemos que enfrentar por nuestra realidad.

Afirmar que el sentimiento es lo único que mueve a una persona trans a solicitar el cambio registral del nombre es, desde nuestra perspectiva, no querer admitir la realidad de nuestras reivindicaciones y de los derechos que queremos conseguir. Derechos que van en pos de un avance social y de crear una sociedad más igualitaria. Celebramos que muchas Comunidades Autónomas hayan aprobado leyes de igualdad en las que se defiendan nuestra integridad y nos permita alcanzar nuestra plenitud con seguridad jurídica. 

Nuestra identidad de género es la certeza de quienes somos. Es parte indisoluble como seres humanos. La identidad no es un capricho ni producto únicamente de un sentimiento, sino una vivencia integrada de nuestra diferentes dimensiones dentro de nuestra experiencia. Y en el caso de las personas trans dicha vivencia no es fácil precisamente por los prejuicios sociales y el mantenimiento de ideas equivocadas, las cuales sob producto de no haber conocido las experiencias de dolor. Dolor real por el que han pasado muchas de nuestras compañeros, compañeres y compañeras trans.

Reducir la idoneidad de un hombre candidato al sacerdocio a su orientación sexual y a sus maneras masculinas es volver a perpetuar estereotipos de género. Lamentamos tener que escuchar que un hombre debe ser "enteramente varón" para poder ser sacerdote. Es reiterar que los hombres deben ajustarse a unas determinadas características impuestas, obviando la diversidad que hay dentro del género masculino, lo que hace que no haya una única manera de vivir la realidad de ser un hombre cis o trans. Lo que nos llega es de nuevo el mensaje que las mujeres no pueden ser sacerdotes porque carecen de esa "característica", continuando así con la discriminación hacia nuestras hermanas. Este hecho es contrario al Evangelio, puesto que Jesús siempre ensalzó a las mujeres y las igualó al hombre. y Él haría lo mismo con las personas no binarias. Nos lanza la idea de que sólo hay una manera de vivir la masculinidad. Estamos convencidos, convencidas y convencides que la vocación sacerdotal es un don que Dios concede a muchas personas con muchos dones y experiencias, y esas vocaciones también nacen en personas LGTBI. 

Estas palabras sólo nos transmiten la voluntad de no querer reconocer la diversidad de la Creación de Dios. Jesús habló de acoger, de ser solidario, de empatizar. Nunca condenó la sexualidad ni el género. De hecho, nunca hizo referencia a estos temas. Lo que sí mencionó es que la dignidad de las personas está por encima de las leyes que limitan nuestro crecimiento como personas. Querer vivir nuestra identidad con dignidad dentro de la sociedad como ciudadanos, ciudadanas y ciudadanes y la certeza de lo que somos está por encima de los prejuicios que excluyen. 

Desestimar a las personas con vocación sacerdotal y pastoral basándose en la orientación sexual y en los estereotipos de género es no querer tomar en cuenta la llamada que Dios hace a muchas personas LGTBI a vivir como cristianas. Ni la orientación sexual ni la identidad de género son óbice para desarrollar una vida relacionada con la Fe. Los prejuicios y los reduccionismos sí lo son. Esto es extensible para cualquier creyente de otras religiones y espiritualidades que también sufren el rechazo a desarrollar sus vocaciones por su realidad LGTBI.

Luchar por expresar nuestra realidad no es un capricho, sino una manera de nombrarnos e integrarnos tal y como somos en la sociedad que, por desgracia en muchos casos, discrimina sin tener en cuenta lo que somos, sino lo que creen que podríamos ser.

Hacemos un llamamiento a la Conferencia Episcopal Española para que reflexione sobre el alcance de este tipo de declaraciones, totalmente alejadas y contrarias al Evangelio. Estas palabras nunca saldrían de boca de Jesús. Pedimos que sean conscientes del dolor que nos provocan y que alejan a tantos cristianos, cristianas y cristianes de Dios, no sólo a personas LGTBI y que perpetúan el odio hacia lo que no es la norma. Les urgimos a retractarse de estas manifestaciones, probablemente producto de un gran desconocimiento de nuestra realidad. Se trata de otro paso atrás en nuestra plena integración como creyentes y esconde el trabajo que otros, otras y otres creyentes realizan para la inclusión de personas LGTBI.